Una forma de conocer nuestro país es conocer los sabores de lo que come su gente. Disfrutar de los colores, los olores, las texturas, el gusto de los alimentos, conlleva compartir no solo lo que se sirve en la mesa, en el aptapi o en las veladas, sino también aprender cómo se inicia el año agrícola, rindiendo tributo a la tierra, mirando al cielo, escudriñando a los animales o entregando ofrendas a la tierra para esperar una buena cosecha. Saborear y compartir es también escuchar historias de quienes transitan los caminos para llevar sus productos a las ferias, para el intercambio o trueque por otros productos.

Los alimentos portan historias, amores, muchas veces también sinsabores. Por eso son alimentos, porque alientan la vida, porque portan los saberes de hombres y mujeres que los siembran y los cosechan, expresan la geografía donde se originan, el trabajo de las manos que los producen y nos mantienene unidos con nuestro origen y con nuestra historia.

Nuestra tarea es combinar, transformar, mezclar, para que esos alimentos locales, saludables, ecológicos, con identidad, lleguen a su mesa. Es compartir los sabores que nos alegran, que nos afirman, que ponen sabor a la vida y renuevan nuestro compromiso para seguir compartiendo, seguir trabajando.

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